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« Quinquis dels 80. Cinema, premsa i carrer » Exposición en el CCCB, Barcelona


14 JUILLET 2009

Barcelona. Centro ciudad. A pocos minutos de las Ramblas, tras un paseo por algunas callejuelas del antiguo Barrio Chino, hace años de dudosa reputación, pero donde hoy se mezclan turistas, jóvenes generaciones y habitantes de todas las nacionalidades del barrio del Raval, al lado de bares y comercios tradicionales y locales modernos, llegamos a la plaça dels Angels. Aquí se impone como un resplandor de modernidad el MACBA, el museo de arte contemporáneo de esta ciudad catalana que demuestra cada día un poco más sus ambiciones de capital. La plaza ha sido, en gran medida, reapropiada por jóvenes que muestran sus habilidades con el skate-board para regocijo de los amantes del arte que alternan las fotografías del edificio con las de los artistas del asfalto... La universidad de ciencias humanas añade igualmente su parte de jóvenes que ayuda a dar un aspecto más “inofensivo” al lugar.

Los juegos de transparencias de la arquitectura de éste museo atraen la atención de igual manera que aquellos de otro centro cultural que le es anexo, actualmente uno de los lugares faro, más innovadores y estimulantes, de exposición: el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Orientado hacia el mundo contemporáneo, este centro propone en su programación conectar mundo artístico y contexto social, cultural, político, económico... Las exposiciones, que alternan escenificaciones, presentación de obras de arte y de archivos, son a la vez agradables de visitar e instructivas: no nos encontramos ni en la exposición donde priman la estética y el modo de representación, ni en la exposición excesivamente didáctica, explicativa y aburrida. La exposición actual confirma de nuevo esta impresión. El tema elegido esta vez es... el quinqui. A la entrada del museo, la persona que nos vende el billete nos explica que en estos momentos hay una sola exposición en cartel, cuando normalmente hay dos o tres simultáneamente. Con expresión divertida, continúa diciendo que la exposición actual trata sobre los quinquis. Quien no sea español se preguntará de qué puede tratarse, pero para un español, este nombre evoca instantáneamente todo un imaginario que ha sido brillantemente retranscrito en el trabajo expositivo. Películas tan populares en su momento como “Perros callejeros”, “Los últimos golpes del Torete”, “Deprisa, deprisa”... realizadas por directores como Carlos Saura o José Antonio de la Loma, revistas de cómics como El Víbora, en la que podían leerse historias como la serie Taxista, documentalistas o revistas de actualidad, se interesaron en los años 80 por las historias y modo de vida de aquellos que fueron llamados “quinquis”, creando todo un mito alrededor de éste fenómeno social.

Los quinquis eran esos delincuentes de entre 14 y 21 años que, al ritmo de músicas de grupos gitanos como Los Chichos, Pata Negra o Los Chunguitos, se reunían en las salas de recreativos, utilizaban un argot propio, eran usuarios habituales de drogas, y vivían de todo tipo de robos, en una vida sin barreras, sin límites. Provenientes de los extrarradios, de esos “no sitios” descorazonadores, de edificios en serie en las grandes ciudades de la España de los años 70 y 80, como el barrio de San Blas en Madrid, La Mina en Barcelona, Otxarkoaga en Bilbao..., fueron las víctimas de una política social malograda, o simplemente inexistente. Como ejemplo, la serie de inmuebles deseado por Franco pare crear en el barrio de Otxarkoaga, en Bilbao, “modelos” de innovación social y arquitectural, se vio rápidamente transformado en prisión a cielo abierto, favorizando un vivero de criminalidad creciente, en el contexto de la crisis económica de los años 70. En 1983, existían 2.200.000 parados oficiales, de los que sólo el 27 por ciento beneficiaban de ayudas sociales, y un 60 por ciento estaba formado por jóvenes de menos de 25 años que nunca habían trabajado. En esta época, la escuela no era obligatoria que hasta los 13 años, y el 25 por ciento de los jóvenes de más de 14 años se encontraban excluidos del sistema educativo. En 1981, había 47.802 niños de menos de 14 años acogidos en reformatorios.

El quinqui más popular fue sin duda Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla. En esas películas sobre delincuencia juvenil que fueron tan populares en los años 80, y que contribuyeron en gran medida a popularizar el fenómeno quinqui, El Vaquilla fue protagonista de varias de ellas, y llegó a representar su propio papel. Proveniente de una familia numerosa y marginal, comienza su carrera delictiva a los once años. Detenido, desde entonces, en numerosas ocasiones, pasará buena parte de su vida en prisión. Buscando quizás escapar a su destino, o imitar a un ilustre antecesor, El Lute, comenzará a estudiar la carrera de derecho desde la cárcel, y escribirá un libro de memorias: Hasta la libertad, que será presentado públicamente por Manuel Vázquez Montalbán, que las calificarà de francamente buenas.

“Quiero cambiar de vida”, diría a un periódico en 1980. En 1984 se fuga de la cárcel con varios presos; la persecución policial es seguida por la televisión catalana. La cara del Vaquilla contra el asfalto en las calles de Barcelona, inspiraría el cartel de la película "Yo, el Vaquilla", que sería un gran éxito de público. En 1994, todavía en prisión, se publicaba una foto de su boda, con una mujer que había conocido por carta. Esta unión duraría poco tiempo... Ese mismo año, protagoniza una fuga de menos de 24 horas, que aprovecha para dar una entrevista a periodistas de Televisión Española, para mas tarde entregarse acompañado por las cámaras de televisión... ¿Puesta en escena? ¿Una manera de reafirmar su leyenda? El Vaquilla fue presentado por los medios de comunicación como el mejor representante de un mito que ellos y el cine construyeron. El diría de si mismo: “Mi peor enemigo es El Vaquilla”. Moría en 2003, de cirrosis, a los 42 años.

Pocos de esos jóvenes lograrían alcanzar una vida normal, los quinquis pertenecen a una generación perdida. Como otro “predestinado”, con una vida todavía mas corta: José Joaquín Sánchez Frutos, El Jaro, asesinado en 1979 a los 17 años. Había comenzado a robar a los 10 años, se había fugado 25 veces del centro de educación donde estaba ingresado, había robado 200 coches y cometido 500 robos al tirón. Cómo no sentirse impresionado por ese muro de retratos fotográficos de jóvenes entre 16 y 21 años, colocados tras una reja para dar más fuerza expositiva, que habían sido publicados por el periódico sensacionalista El Caso, o por los videos en los que en pocos minutos podemos ver entrevistas a chicos que no deben pasar de los catorce años, en las que cuentan su día a día, los robos de todo tipo, la droga... En un fragmento del documental “Can Tunis”, un niño, al volante de su coche, conduce al documentalista por las calles de ese barrio de chabolas de Barcelona; pero lo hace con una soltura, una seguridad y una intrepidez de futuro cabecilla. Tiene once años. La personalidad bien afirmada de esta pequeña cabeza rubia choca con la realidad de su edad; el mismo dirá: "( …) hasta que no sea grande no se lo que es mi vida. Yo se lo que hago, y lo que digo, pero mi vida aun no me la se. No se si voy a ser borracho, alcohólico, (…) futbolista, caballero de montar a caballo, abogado...".

El documental no data en este caso de los años 80, sino de 2006. Los quinquis quedan unidos a un periodo histórico determinado, pero más allá del mito, en realidad no han desaparecido del todo. Si la escuela hoy en día en España es obligatoria hasta los dieciséis años, si se ha desarrollado una importante política social, y si en pleno centro de Barcelona podemos ver en la actualidad a los jóvenes divirtiéndose con su skate-board, y no robando coches, no es menos cierto que persisten zonas urbanas que producen situaciones de extrema precariedad, influyendo fuertemente sobre los destinos de sus habitantes mas jóvenes.

« Quinquis dels 80. Cinema, premsa i carrer », exposición en el CCCB hasta el 6 de septiembre 2009. C/ Montalegre 5, 08001 Barcelona Tel. 93 306 41 00 http://www.cccb.org

Elisabeth Cestor & Iñaki Martin Diez


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Tunisie : le corps du peuple, par Renaud Ego Venue du centre de la Tunisie, une « caravane de la libération » a occupé près d’une semaine, la place de la Primature, à Tunis. Retour sur un mouvement qui symbolisa, physiquement, l’unité de la révolution tunisienne et incarna le corps de tout un peuple.

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Figures du Palestinien à l’écran Rencontre du Pôle Images/ANR Imasud de la MMSH en partenariat avec La pensée de midi autour du conflit israélo-palestinien : questions de visibilité et de regards. Avec Jérôme Bourdon, Stéphanie Latte, Cédric Parizot et Maryline Crivello. En lien avec le numéro 9 de la revue, "Regarder la guerre".

De 9h à 13h, salle PAF, Maison méditerranéenne des sciences de l’homme. 5, rue du château de l’horloge, BP 647, 13094 Aix-en-Provence, France Tél : (+33) (0) 4 42 52 40 00 http://www.mmsh.univ-aix.fr

PARUTION MARS 2010

"De l’humain. Nature et artifices", numéro 30 de La pensée de midi, un dossier dirigé par Raphaël Liogier.

Il est souvent bien difficile de deviner l’âge de certaines vedettes au visage remodelé au Botox, qu’en sera-t-il demain lorsque ces transformations ne seront plus seulement esthétiques, mais s’appliqueront au corps entier, à sa sélection et son amélioration, lorsqu’une prothèse de bras branchée sur le système nerveux sera plus agile que le membre de chair et d’os ? Faudra-t-il préférer l’artificiel au naturel ? Quel serait le devenir d’une telle entité livrée à l’industrie médicale, aux biotechnologies, aux nanotechnologies, et qui vivrait, en outre, non seulement sur le plancher des vaches, mais dans des espaces virtuels informatisés ? Un homme techniquement rectifié jusqu’à l’immortalité, tel que l’attendent les transhumanistes, qui ne sont pas de vulgaires illuminés mais de très sérieux chercheurs. Un tel homme serait-il encore humain ? Au-delà des peurs absurdes et du refus de la science, comment penser la mesure dans un monde qui semble irrésistiblement emporté par la démesure ? Cet animal machine dénué de toute fragilité, produit sophistiqué promis par la science, saura-t-il encore éprouver des sentiments comme l’amour, saura-t-il apprécier la convivialité, le plaisir d’être ensemble ?

Ce numéro a été coordonné par Raphaël Liogier, sociologue et philosophe, et directeur de l’Observatoire du religieux (Cherpa) à l’institut d’études politiques d’Aix-en-Provence. Avec des textes de Raphaël Liogier, de Jean-Gabriel Ganascia, de Bernard Andrieu, de Jean-Didier Vincent, de Pierre Le Coz, de Raphaël Draï, de Tenzin Robert Thurman, de Jean-Michel Besnier, de Maurice Bloch, de Michel Terestchenko, de Jean-François Mattéi.




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